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Abril no es primavera

25 Mar

Siempre he querido escribir una buena canción. Una buena canción es algo increíble si lo piensas, una pieza capaz de llenar un montón de momentos en la mente de un montón de gente. Imagino a un adolescente subiendo el volumen y deshaciéndose a gritos de una porción de su angustia; a un padre conduciendo tamborileando en el volante; a una chica corriendo mientras el tema la empuja un poco más lejos.

El problema para empezar a escribir una canción (dejando a un lado que sea buena) es que no tengo ni idea de música, así que a veces me pongo un tema una y otra vez mientras escribo algo, lo que escribo no es como si fuera una canción, en cierto modo, tal vez, es algo que nace de una canción, y tal vez de una canción un día nazca otra, y tal vez -demasiados tal vez- tal vez sea buena.

Abril no es primavera

Es un día de mierda en esta calle oscura
el gato sucio de pelo gris tupido
cruzando entre encogido y asustado
y los desaguaderos vomitando escoria
en la calle Oliver.

Es otra vez uno de esos días de mierda,
tu puño cerrado en mi pecho,
el velo de llovizna confundido
con mi propia miseria

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Es un llanto infantil,
mientras la lluvia barre las aceras
recorrer de nuevo en la derrota los mismos callejones
dónde los surcos grises son fuga y son condena.

Debería haber parado
cuando aún sabía a dónde íbamos
pero cómo parar cuando no hay nada más

Mírame,
esto ha quedado,
debí parar pero el camino no se bifurcaba

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera

Mírame,
no sabes dónde estoy
ya no hay caminos.

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Vistabella

1 Jul

Cuando era un crío; en esa época en la que pasear por la calle con veinte duros en el bolsillo se me hacía tan osado como conducir una diligencia por el salvaje oeste siempre le tuve respeto a Vistabella.

Recuerdo una Vistabella oscura y mustia, con las fachadas tristes, agrietadas, fachadas de barrio pobre y descuidado. Cuando era un crío, y el desconocimiento formaba una neblina tenebrosa esas calles oscuras y olvidabas le hacían parecer otro de esos barrios por los que no pasar cuando llevas veinte duros en el bolsillo.

Años después vivía en Santa Eulalia con mi mujer en un piso alquilado, era un piso bonito decorado con gracia, una pared de ladrillo visto en el salón, el baño en gresite verde, puertas correderas… pero eso sí, ni un recuerdo de la luz del sol. Era un primero sin balcón bajo un segundo que sí lo tenía en un callejón de unos 10 metros de ancho y cuando llevas tiempo viviendo en un sitio así la oscuridad parece que se siente con una cierta consistencia en el ánimo.

En esa época unas amigas alquilaron un piso en Vistabella, sobre el 5 Hermanos. Eraun piso a poniente y mediodía, la luz inundaba las habitaciones de techos altos y a mí me parecía maravilloso.

Recuerdo que en una ocasión mi amiga se despertó por la noche al oir un ruido y a los pies de su cama había un chaval con algo en la mano que no era un conejo; se había colado por su ventana en mitad de la noche… para verla. El chaval resultó ser el vecino y tenía cierta discapacidad que no recuerdo, y en realidad no me dejó huella, y si tuve un recuerdo me lo borró la luz de Vistabella.

Años después acabamos comprando un piso allí, entramos por la puerta a verlo y nos asomamos al salón con una ventana abierta a la zona de casas bajas del centro del Barrio, cientos de metros hasta el siguiente edificio, y la luz, la luz, como el Nessum Dorma inundando la casa…. No miramos ni una más y la compramos. Vistabella era luz.

Ahora llevamos unos años en el barrio, Vistabella sigue siendo luz, luz y jacarandas y tradiciones y vecinos mayores y personajes, como el que vende cactus, como los abonados del tinto y la cerveza del jumillano, como la mujer de los nietos robados… Y mirando esos tipos singulares, fenómenos extraños con casa y sin trabajo, me acordé del chaval, ese chaval que era otro personaje, personajes que entre tanta luz, también, por qué negarlo, son Vistabella.

 

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Tu cometa

3 Jun

Voy a dejarme el alma entre tus brazos
en una de estas noches
de correr por las calles tras tu rastro,
lágrimas de niño asustado, trabado en la inocencia. 

De lunes a domingo machacado por el vibrar ingrato del movil al despertar,
en mitad de resacas de lágrimas y vodka caramelo
no soy tu nada sino la sombra que te sigue,
soy el vasero permanente de tu indolencia.

Voy a esperar delante de las luces,
en esta madrugada,
en la tiniebla tubular de tus ojos brillantes
quietud de temerosa marioneta es mi única estrategia

Soy tu cometa,
voy bailando tus vientos con esa sonrisa
de idiota enamorado, pagafantas
buscando entre tus sombras
detrás siempre del halo que proyectas

Hoy me he despertado entre cristales rotos,
anoche destrocé los anhelos felices,
hoy he despertado con el crujido de mi alma quebrada,
y al alcanzar la calle destrozado he vislumbrado un nuevo,
fulgor en la otra acera,
y he seguido el reflejo
soy un adolescente efervescente,
hoy soy feliz de nuevo.

 

 

A tí, desconocido

31 May

Decir que me ha robado, el tiempo, la sencilla emoción de conocerte,
a tí, desconocido.

Decir que me ha robado la vibración de aproximarme a otra mente, a otra alma;
expectante e íntimamente alegre, vestidas las preguntas de inocencia, los intereses.

Que tantos desencuentros, si no sabes
hacer de vez en cuando borrón y cuenta nueva
vierten polvo y más polvo, y te ensombrecen.

Decir que ya he extraviado la esperanza, como estación de origen del descubrimiento,
carbón con que alentar los encuentros fugaces.

Decir que soy, terriblemente hostil e inexpugnable,
impertinente, aciago, insoportable a veces.

Que tantos contratiempos personales
si no le das la vuelta a la botella
suman barro y más barro, y te envilecen.

Decir que visto yelmo, coraza y guanteletes,
si te aproximas; aún abiertos tus brazos, por natural defecto en mi mirada.

Decir que estoy caduco para la expectativa
de verte amanecer en tus palabras.

Que tantas decepciones, si no sales
a desbrozar un poco en primavera,
forman lodo y más lodo, y te envejecen.

Decirte sin embargo, que desde mi trinchera,
aunque aparente mustia la mirada;
desde esta detestable indiferencia,
aún sigo deseando conocerte,
aún sigo deseando descubrirte,
a tí, desconocido. 

Aunque los surcos de tantas cicatrices,
me impidan merecerte. 

 

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De Nai Clú

2 Mar

Fue una noche de miércoles de esas que empiezas en el Azarbe con tus veintipocos años tomando unos tanques de cerveza, y sin saber como te encuentras a las 3 de la mañana sin querer irte a casa, seguro de que es una noche para recordar.

A esa hora solo quedaban Carlos, David y el incombustible Rubén y los bares cerraban y no había muchas opciones así que se les ocurrió ir al De Nai Clú, una discoteca no muy grande de esas que custodian unos cuantos porteros que han visto varias veces “En la Línea de Fuego”. El interior está pintado como una cebra amarilla y negra, y la anima un disck jockey de esos que ya pasaron el punto en el que tenían que preocuparse de lo que a tí te gusta.

En la puerta Rubén pasa y el portero mira a David con cara de broma:

.— Tio, aquí no puedes entrar en pantalón de chandal.

David venía de la zona norte, del ambiente hip hop siempre incipiente de Murcia y era miércoles, nadie habría pensado que iban a acabar en el De Nai… Así que Carlos entra y le dice a Rubén que nada, que David no pasa en chandal, que hay que irse:

.—¿Cómo que irse?

Rubén siempre ha tenido una mente rápida y más estando un poco enchufado, así que se lleva a Carlos al cuarto de baño, se quita los vaqueros y le dice:

.— Sal, que se los ponga y pase, yo os espero aquí.

Carlos es un tio formal, un clásico, de los que no pierde la cabeza. Uno piensa que en situaciones como esta a los chicos formales se les ocurre que puede que no sea tan buen idea el cambiazo de pantalones… pero no, coge los pantalones y sale del baño.

Ahora merece la pena detenerse a visualizar la escena: 

David en un water mugriento del De Nai Clú, uno de esos wateres con puertas sin pestillo, con inodoro sin tapa, con portarollos sin rollo. David, sin pantalones, esperando a que vengan; con su mente ofuscada y una sonrisa, seguro de que acaba de hacer un epic win.

Carlos que atraviesa los 50 metros del De Nai con los vaqueros ocultos debajo del abrigo verde oscuro de chico formal, feeling like a nija camino de la puerta.

Pero los vaqueros no estaban tan bien ocultos, a saber en la escuela de qué villa educaron a Carlos en las artes ninja. Cuando llega a la puerta una pernera se asoma algo más que ligeramente por debajo del abrigo. El portero echa una mirada y tarda medio segundo en atar cabos y estirar la mano hasta el pinganillo:

.— Antonio, sácate ahora mismo a un tio que está en el baño sin pantalones.

 

Sin saber por qué

11 Ene

23:32 Ludofiana no sabía si mañana iba a ir a trabajar, tal vez no fuera, tal vez se quedara en la cama con su cari y dijera que no podía ir, que le había picado un mosca tse tse en su último viaje, no estaba segura de haberse ido de viaje, hacía tiempo que no viajaba, iría a Paris, pronto, de eso estaba casi segura.

00:27 Ludofiana caminó flotando sobre la manta de nubes segura de no necesitar ningún destino, las lagrimas de placer escurriendo por las mejillas sonrosadas la luz irisada tiñendo el horizonte de matices sensibles e imposibles y saltó….

saltó sobre la duda de su existencia y la humanidad entera, saltó sin temor a caer a ningún sitio porque no había ningún temor porque todo el mundo estaba en sus manos.

02:53 Ludofiana se asomó a la plaza; la facción oscura estaba a punto de detonar el explosivo plástico adosado a la base de los pilares principales del Chrysler, miles de personas morirían hoy si no hacia algo para evitarlo.
Recorrió los 200 metros que la separaban del primero de ellos en 2,6 attosegundos, un golpe seco con el anular y el índice bajo la oreja izquierda bastó para noquearlo, apenas 2,3 segundos después el resto de los asaltantes estaban esposados frente al 26 de Federal Plaza, les resultaría muy difícil explicar explicar al FBI para qué pensaban usar 200 kilos de C4. Una sonrisa iluminó su rostro al recorrer la 5ª camino a casa.

04:19 Ludofiana deslizó su dedo índice lentamente para apartar el flequillo de la frente del bebé, le miró desde su cuna con la seguridad perenne del que tiene todo lo que desea delante de sus ojos y le regaló una sonrisa que le atravesó el pecho como un vendaval de dicha que inundó su habitación, su casa… su vida.

06:14 Ludofiana trató de sujetar a su jefe mientras este asestaba un golpe tras otro sobre la frente de su hermano, – “Está mal archivado, está mal archivado!!”. Le gritaba, absorto por su propia psicosis mientras su ojos destilaban terremotos de furia.
Ludofiana lloró impotente incapaz de alcanzarle, pregúntándose por qué estaba pasando todo eso, mientras la sangre teñía de rojo el verde turquesa de la oficina.

06:40 Ludofiana se levantó enfadada y nerviosa, enfadadada y molesta, irritada y nerviosa. Y seguía así cuando se despidió de su cari refunfuñando, y así seguía cuando llegó a la oficina y saludó a su jefe con una sonrisa forzada, recordando la sangre y los golpes sin sentido.

No recordó que iba a ir a París, ni que tuvo el mundo en sus manos, ni las vidas salvadas en la gran manzana, ni el vendaval de dicha de una sonrisa… Pero allí estaban, y tal vez una brisa a media mañana le entregue un recuerdo, y se preguntará por qué, esa lagrima de placer se escurre por su mejilla.

Encuentro

31 Dic

1.

volvía a casa con la felicidad rabiosa del fin de semana. La sonrisa, de diario oculta, desbaratada, forzándole los múculos de los carrillos, como pocas veces. Trastabilló en el portal, apenas nada y sacó las llaves del fondo del bolsillo, un vistazo al buzón vacío antes de doblar el recodo hacia el ascensor.
2.
volvía a casa con el ansia habitual, nerviosa, tic tac, derecha e izquierda por el paso ancho, con la sensación inhóspita de que era demasiado tarde. Despreció algunos posibles hallazgos en un reflejo de urgencia, no te entretengas, clic, clac, ¿no es demasiado tarde?, ¿es demasiado tarde?.
3. 
el ascensor bajó los tres pisos mientras tarareaba transportándose al largo fín de semana“…vente a la sombra amor que yo te espero, que tengo el corazón aquí con bien de hielo…” la sonrisa dibujada, con una sensación plena de esas que te transportan unos minutos de cuando en cuando.
4. 
atravesó el frío de la explanada, la sensación de opresión, de mal presentimiento dominando el ambiente, sij, saj, despejado a derecha e izquierda. Avanzó por el vacío blanco con su paso más rápido, sin detenerse apenas a sus comprobacions. No pasa nada, ¿no pasa nada? ris, ras.
5. 
abrió la puerta del apartamento, y cerró y colgó la chaqueta casi en el mismo movimiento acompasado, al ritmo de guitarra de su mente “…y a cobro revertido quisiera hablar contigo y así sintonizar…”. Avanzó por el pasillo con su paso bailado y al verla le embargó una sensación de opresión, el vello erizado y el asco sorpresivo devorando la euforia y convirtiéndola en rabia para adelantar el pie izquierdo reprimiendo el asco y alcanzarla.
6.
llegó a la mitad del vacío blanco excitada los sentidos disparando todas las alertas, sij, saj, para encontrarse de bruces con la sombra, hizo un quiebo rápido a la iquierda pero ya era tarde. Crijj, Crac!!.

Pequeños mundos

16 Nov

Tiemblan las manos,
el corazón sobrecogido, inerme,
llorosos los ojos y un leve, rubor, tal vez
por la caricatura
de ver contigua tu inseguridad,
el nulo savoire faire del que adoleces.
El pecho sin embargo lleno,
de la felicidad que transfigura,
que alela y que sublima al mismo tiempo.

Tú, sebastián, tu sebastián,
tú, Paz, tu Paz.
Tú, Blanca, Ana, Nacho, Oscar…
tu mundo en diminuto entregado a tus manos.

Tiemblan tus manos,
y los ojos llorosos desbordados,
el sueño robado de las noches pasadas,
devuelto en las mañanas luminosas,
plenas,
las sonrisas henchidas de gozo ante la vida.

El placer que olvidasteis,
arramblado en los ríos de la adolescencia,
de descubrirlo todo, de extasiaros por nada;
palpable en sus mejillas,
el delicioso abrazo de cinco sobre uno,
y la risa virgen, perfecta fluyendo a vuestras almas
como el néctar más dulce en la mañana.

Tiemblan las manos,
mi corazón sobrecogido, inerme,
no entiende de etapas porque todo,
acaba de empezar en este mismo instante
y no quiero armaduras ni defensas,
simplemente me entrego
a mi pequeño mundo,
a tus pequeños ojos,
diminutos.


Melly Moores

10 Nov

Hace tiempo que no veo a mi amigo Rayles.

Hace tiempo que no le veo y me imagino que puede haberse metido en algún lío.

Mi amigo Rayles conoce a gente extraña, gente singular que se cruza de un modo inexplicable en sus andanzas porque al igual que algunos atraen los problemas, o las risas, mi amigo Rayles atrae las rarezas.
Seguramente fue así como conoció a Melly Moores, Melly es una corista colombiana que vino unas vacaciones a trabajar a Torrevieja. De servir cervezas con mueca pasó a servir copas con sonrisa, a animar las noches de las discotecas del centro y las madrugadas de los after hours. Tiene el pelo en negro y plata con reflejos turquesa muy intensos, siempre calza tacones infinitos y una de esas sonrisas que dice “me encantas”. Melly no mira a los ojos porque siempre está mirando al siguiente baile, a la siguiente copa, solo mira a los ojos de mi amigo Rayles, que solo con mirarla la comprende, y se adelanta a su paso siguiente y ríe el chiste que aún no ha hecho y murmura monosílabos que solo ellos comprenden.
A Melly no le importa el tiempo ni el mañana y vive los momentos como nadie, eufórica, intrépida, disponible y dispuesta; al menos esas horas que enlazan el jueves con el domingo, esas horas sagradas del fin de semana ya que el lunes sin más, se desvanece en un interrogante inescrutable.
Melly es una de esas rarezas que acaban caminando del brazo de mi amigo Ray, no es la única, aunque sin duda es de sus favoritas, y la verdad es que nunca he llegado a comprenderla, a fiarme de ella.

Hace tiempo que no llamo a mi amigo Rayles, he de hacerlo. Tal vez para quedar con Pichuki un domingo a mediodía. Sin afters, sin euforias, sin reflejos turquesa y sin tacones infinitos. Con Pichuki y los otros, un domingo, a mediodía… sin Melly.

Borradores: Churumbeles

4 Nov
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Algunas veces me pongo a escribir un post sobre algo que me interesa y o bien el trabajo me interrumpe o simplemente divago tanto que no sé a donde llegar.
El 5 de septiembre empecé a escribir este post que se llamaba Churumbeles:

“Cuando tienes treinta años, un trabajo más o menos estable y una casa y una mujer, lo quieras o no los hijos pasan a colarse en el lector de feeds de tu vida.

Recuerdo perfectamente cuando nos explicaban en marketing el tema de la percepción selectiva y más concretamente como podías no haberte fijado jamás en la existencia de un producto o servicio y cuando de pronto te interesa pasas a verlo en todas partes. Algo así me pasa a mí con los hijos; hasta hace no mucho no había pensado en el tema pero es una suscripción que no eliges y cuando llega mucho me temo que llega para quedarse.

De entre los muchos temas de máximo interés que tienen los críos: el imparable desarrollo de esas sillas con ruedas para arrastrarlos cuando no andan, el problema de la carencia de vitamina D en la leche materna, etc., etc. Hay uno en particular que es bastante transversal y en el que he pensado bastante desde que mi hermana trajo al mundo a mi sobrina, y es como afrontan los padres el desarrollo y formación de sus hijos y como afrontamos lo demás las diferencias de criterio que existen.

Dado que las opiniones son como los culos; todo el mundo tiene una. Cada uno se las apaña como mejor puede para afrontar ese océano de dudas y preguntas que debe ser encontrarse con el churumbel llorando a las tantas de la mañana, a solas tú y él tratando de explicarte algo de vital importancia a base de berridos, o tal vez ni siquiera eso, tal vez tan solo intentando mantenerte pendiente el máximo tiempo posible.

A algunos padres hacen el payaso, otros se acuestan a su lado, otros les dejan llorar, otros reducen el porcentaje de omega 3 en su dieta,

A mí particularmente me gusta”

Y ahí paré, en serio, paré ahí. “A mí particularmente me gusta” ¿qué cojones me gusta? Me pregunto si estaba a puto de descubrir el santo grial de la crianza infantil y lo dejé así, a medio hacer, ¿cómo se te ocurre dejar esa perla de sabiduría inacabada?¿por qué no terminé el maldito post? Ahora no tengo ni puta idea de lo que voy a hacer cuando se ponga a berrear, malditos borradores!