Archivo | marzo, 2011

Gamberros

29 Mar

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Su cara sí es un poema

18 Mar

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El chico y el balón

15 Mar

El chico tiene los ojos abiertos como en el manga, las pupilas brillantes, dilatadas por la droga del entusiasmo que impulsa  un proyecto permanente de carcajada en sus labios.

Corre tras el balón, pero el cuerpo adelanta a las piernas y tropieza. — !Te has caído! — dice entre risas. Se levanta y corre tras el balón de nuevo; lo golpea. — ¡Gool! — lo golpea de nuevo.— ¡Gool! — Vuelve a tropezar y se lleva una mano a los rizos dorados mientras sonríe sorprendido de haberse caído de nuevo; solo un segundo para volver a levantarse, y a reir, y a gritar entusiasmado ¡Goool!.

Se detiene sobre la rejilla de un desagüe como quien acaba de descubrir un pasaje secreto, se arrodilla y se asoma para confirmar. — ¡Basura!. Permanece unos segundos mirando a la oscuridad del sumidero, al misterio. Y se levanta y da un salto con los brazos pegados al cuerpo mientras mira al cielo, como si pudiese despegar en cualquier momento impulsado por la fuerza de su entusiasmo. 

Corre un par de zancadas y golpea de nuevo el balón de plástico estrellado.— ¡Gool! — y tropieza de nuevo y se grita entre risas .— ¡Te has caido! — y se levanta incansable, riendo sin parar desde que ha descubierto que el mundo es un lugar maravilloso.

Un recuerdo

14 Mar

A principios de septiembre de este año estaba decidiendo a que gimnasio me apuntaba. Me pasé por el Inacua, que me pillaba un poco lejos pero parecía cómodo tan cerquita de la autovía.

Había una cola enorme de gente apuntando a los chavales en las clases de natación y demás. En medio de la cola con un chiquillo en una mano y empujando a otro en su silla de bebé vi una chica con la que estuve apenas unas semanas hace más de 15 años. No me porté demasiado bien con ella, y aunque, durante estos años la penitencia del pensamiento me hace sentir saldados los remordimientos, es posible que ella no me guarde un buen recuerdo, si es que me guarda alguno. 

Mi recuerdo de esas semanas sin embargo es hermoso, lo tengo almacenado entre unas cuantas bonitas historias del pasado. No hablé con ella, no me apunté a ese gimnasio, preferí la cobardía de guardarme ese recuerdo en su burbuja, en ese almacén donde nadie, ni nosotros mismos, podamos ensuciarlo.

Se me vino a la mente leyendo Hello Stranger

¿Benji? No, ¿Ortanchiviri? No, ¿Funiculí? No

3 Mar

—¿Soy un gnomo?
—No

—¿Busca lo…?
—No

—¿Tigres?
—No

—¿Inspector Gadget?
—No

—¿Chiquitán?
—No

—¿Tómbola?
—No

—¿Yeye?
—No

—¿Viva el follón?
—No

—¿En una montaña…?
—Sí!

 

¿Test de producto para un jukebox controlado por voz? Casi. Mi hijo de 18 meses elijiendo canción.

 

De Nai Clú

2 Mar

Fue una noche de miércoles de esas que empiezas en el Azarbe con tus veintipocos años tomando unos tanques de cerveza, y sin saber como te encuentras a las 3 de la mañana sin querer irte a casa, seguro de que es una noche para recordar.

A esa hora solo quedaban Carlos, David y el incombustible Rubén y los bares cerraban y no había muchas opciones así que se les ocurrió ir al De Nai Clú, una discoteca no muy grande de esas que custodian unos cuantos porteros que han visto varias veces “En la Línea de Fuego”. El interior está pintado como una cebra amarilla y negra, y la anima un disck jockey de esos que ya pasaron el punto en el que tenían que preocuparse de lo que a tí te gusta.

En la puerta Rubén pasa y el portero mira a David con cara de broma:

.— Tio, aquí no puedes entrar en pantalón de chandal.

David venía de la zona norte, del ambiente hip hop siempre incipiente de Murcia y era miércoles, nadie habría pensado que iban a acabar en el De Nai… Así que Carlos entra y le dice a Rubén que nada, que David no pasa en chandal, que hay que irse:

.—¿Cómo que irse?

Rubén siempre ha tenido una mente rápida y más estando un poco enchufado, así que se lleva a Carlos al cuarto de baño, se quita los vaqueros y le dice:

.— Sal, que se los ponga y pase, yo os espero aquí.

Carlos es un tio formal, un clásico, de los que no pierde la cabeza. Uno piensa que en situaciones como esta a los chicos formales se les ocurre que puede que no sea tan buen idea el cambiazo de pantalones… pero no, coge los pantalones y sale del baño.

Ahora merece la pena detenerse a visualizar la escena: 

David en un water mugriento del De Nai Clú, uno de esos wateres con puertas sin pestillo, con inodoro sin tapa, con portarollos sin rollo. David, sin pantalones, esperando a que vengan; con su mente ofuscada y una sonrisa, seguro de que acaba de hacer un epic win.

Carlos que atraviesa los 50 metros del De Nai con los vaqueros ocultos debajo del abrigo verde oscuro de chico formal, feeling like a nija camino de la puerta.

Pero los vaqueros no estaban tan bien ocultos, a saber en la escuela de qué villa educaron a Carlos en las artes ninja. Cuando llega a la puerta una pernera se asoma algo más que ligeramente por debajo del abrigo. El portero echa una mirada y tarda medio segundo en atar cabos y estirar la mano hasta el pinganillo:

.— Antonio, sácate ahora mismo a un tio que está en el baño sin pantalones.