Pandémico y demente

11 Dic

Sí, es cierto
que este domingo gris aquí encerrado,
pandémico y demente,
pendiente de este anexo de mi mano,
no es mi mejor momento.

Ni trabajo ni suerte,
las horas empeñados
en darle un contenido

a la ausencia de abrazos

y el flujo omnipresente
de voces, videos, memes
de estos deseos frustrados
que ocupa impenitente
todo este eterno espacio.


Mañana será viernes

o martes, jueves, lunes,

un día imaginario,

y aún mantendré mis ojos
puestos en la ventana,
en el solar, el banco
en el mañana ausente poblado de temores,
desconocido, amargo.

Qué extraña distopía,
sentir que nos convierten
en meras herramientas;
si privada la gente
de besos, de sonrisas,
de abrazo, roce y gesto
serán solo sus vidas
utilidad perdida.

Mañana será lunes,
o martes, jueves, viernes…
Abrázame con fuerza,
dame un beso,
rózame con tus dedos el dorso de la mano,
apóyate en mi hombro,
muéstrame tu sonrisa
y sea éste domingo,
pandémico y demente
una pausa perdida
y no una nueva vida.

Ese afán de ser buenos

6 Dic

En 1999 más o menos se nos dió una situación curiosa en la esculta. Entraron dos chavales con sus 14 años que iban a la misma clase, uno de ellos era bastante tímido, un poco apocado, diría; y el otro, en realidad también tímido, tenía un punto agresivo Dos formas que muchas veces parecen reflejo de problemas similares. La cuestión es que iban a la misma clase y no eran amigos precisamente, más bien, sin haber llegado a extremos, uno era víctima y el otro acosador.
Aunque la relación se veía o se intuía en detalles sobre cómo se trataban o no trataban, no pasó nada claro a mis ojos hasta el verano y en realidad no fue mucho más que dos miradas, una que amenaza, que sonríe con desprecio y otra que refleja un cúmulo de cansancio.
Me llevé al acosador a parte y tuve una conversación sincera con él, no sé si muy acertada pero sincera. Le dije.- Para mí esto es como un mundo ideal, una especie de experimento en el que nos tratamos bien por norma, en el que no acosamos, no insultamos, no subyugamos. Al contrario, nos apoyamos, nos sonreímos, nos queremos. Ojalá de este experimento nuestro que son los scouts salgamos asumiendo éste comportamiento como propio por toda nuestra vida, ése sería realmente el mundo mejor que buscamos. Pero aquí, hoy, mañana, estos 15 días, olvídate del mundo exterior, porque vais a trataros como si fuerais los mejores hermanos durante 15 días. Ése es el trato si te quieres quedar.

Durante los dos años siguientes no es que se volvieran íntimos, pero sus miradas… Sus miradas cambiaron, dónde antes había amenaza pasó a haber respeto, aceptación, cierta voluntad de hacer el bien y dónde antes había una mezcla de precaución y miedo pasó a haber paz y comprensión.
No sé qué pasó fuera, aunque tengo una idea, y creo que sembrar una pizca de voluntad de ser buenos es de las mejores cosas que hemos hecho nunca.
Buena Caza

Que ser padre era esto

3 May

Que ser padre era esto,
otra muestra de que aprender provoca
preguntas mucho antes que respuestas,
yo lo he empezado a comprender ahora

Que ser padre era esto,
un aluvión de dudas permanentes
que en vez de solventarse se acumulan
como si no supiese
que uno ha de soltar lastre
mental, si quiere fuerzas
para seguir bregando en el presente.

Tú cruzaste un océano
y siete mil kilómetros
y nos lanzaste al mundo
con pan para el camino
y capas para el frío.
Te miro cuestionarte
y me miro a mí mismo
cuestionarme igualmente y,
lo admito, me sonrío.
Que ser padre era esto, dudar,
aunque lo hicimos,
viviendo esos momentos
lo mejor que pudimos.
Y ese conocimiento,
y la sustancia imborrable de esa herencia,
es la fuerza primera,
que siempre nos alienta.

Tú cruzaste un océano
y siete mil kilómetros
para plantar tu huerto.
Que cuesta estar tranquilo y mirar adelante.
Que dudas ¿quién no?
Pero aunque yo sea, a veces,
tan rígido, tal vez, tan desagradecido,
corre a Santiago o busca otro destino.
No tengas dudas, madre,
te digo yo sin dudas,
que lo tienes de sobra merecido.

No sé vivir

13 Feb

Perdona si me ofendo
si no pude evitar que me subleve
la aguda realidad de tus palabras
pero niego la esencia
si eso fuera a implicar el cuestionarlo todo
Y el temor que imagino
en la sustancia misma de tu razonamiento.

Que somos como somos
y si sabemos vernos,
abiertos a los cambios, a las adaptaciones
no importan nuestros modos
qué son sólo pasado
ni aún pesan las costumbres
que compusimos bajo el peso de nuestras circunstancias
y han de cambiar mil veces
antes de contar nada frente a esos sentimientos.
Hoy abro la ventana
y es tu luz la que alumbra mi esperanza
y tú bien lo escribiste,
las primeras palabras que me me lanzaste al viento;
que es algo que se siente
explotar como un faro.
Y cuando nace
y en el contacto crece como una enredadera
que va alumbrando todo,
no siento otra importancia
que la de esa sustancia incomprensible
que tiene la potencia de ser motor de todo.

Y es por tu inteligencia,
la tierna inteligencia de discernirlo todo
de ver en cada extremo los detalles
Esa clarividencia que ahora me perturba
y hace temblar mi suelo,
es un halo que baña cada uno de tus gestos
es dulce y delicada cuando mueve tus dedos
que acarician y escrutan el dorso de mi mano
es curiosa y profunda cuando mueve tus ojos
y me miras dichosa o asustada
o a veces ambas cosas cuando volamos juntos.
Y claro que deseo conocer tu misterio
y me sorprendo ahora
dándote la razón si me mostré
egoísta y desinteresado,
¡no es cierto!
lo que hice no es cierto
si bien sí que lo hice.
Mi estupidez ni apenas representa
un ápice de toda esta esperanza
que tú me has puesto dentro.

Si me mostré egocéntrico.
No.
Déjame corregir las palabras erradas.
Sí, me mostré egocéntrico,
pero es solo una capa
de todas las absurdas capas que nos ponemos
para ocultar las taras,
cubrirnos los defectos.
No sé vivir, en realidad me dejo
llevar por un intenso deseo incontenible
de no dejarte ir lejos.
No sé vivir, en realidad me dejo
llevar por este tierno placer de conocerte
y añorar el contacto febril de nuestros cuerpos.

Lo malo era perderte

3 Sep

Que yo te quería entonces y te seguí queriendo, aún cuando nos miramos, esa última vez como pareja lo sabíamos de sobra.

Lo triste fue volver, esa última noche de propina, a conectar de nuevo como antes, entre tragos y tragos de cerveza.

Que me querías entonces y lo seguías haciendo, aún cuando nos miramos aquella última vez como pareja lo dudé tantas veces.

Lo triste fue volver, esa última noche de verano a descubrir mi error en esas dudas tantas y tantas veces repetidas.

Que estaba equivocado y que debía abrazarte y deshacerlo todo lo supe en unas horas.

Lo triste fue encontrarme con las llaves de un piso y de una vida cien mil veces peor que nuestra vida.

Lo malo fue perderte y descubrir entonces,
frente a ese carrusel de fotos del pasado girando en mi cabeza,
que yo era tan feliz aún solo con mirarte sonreír.

Lo malo era perderte, y lamentarlo de repente todo y no saber que hacer para enmendarlo y no querer poder rehacer mi vida sino desear tan solo, hacer girar el mundo, retroceder el tiempo el tiempo. darle la vuelta a todo lo que dije y no dije, lo que hice y no hice los últimos 10 años.

Sonreírte, dejarte, despedirte con besos, quererte sin decoro, atreverme, dormirme, admirarte, gustarte, compensarte los años apostados, pedirlo, decidirlo o asumirlo con gusto, decir fuerte me importa!, besarte sobre todo y bajo todo hace mucho más tiempo, servirte el café y dejar de putearte por tu enojo, añorarte sin odio, respaldar mis palabras con mis actos, recordar el propósito olvidado, quererte con arrojo y sin reparo.

Lo malo fue perderte y saber de repente, cuánto te echo de menos.

Abril no es primavera

25 Mar

Siempre he querido escribir una buena canción. Una buena canción es algo increíble si lo piensas, una pieza capaz de llenar un montón de momentos en la mente de un montón de gente. Imagino a un adolescente subiendo el volumen y deshaciéndose a gritos de una porción de su angustia; a un padre conduciendo tamborileando en el volante; a una chica corriendo mientras el tema la empuja un poco más lejos.

El problema para empezar a escribir una canción (dejando a un lado que sea buena) es que no tengo ni idea de música, así que a veces me pongo un tema una y otra vez mientras escribo algo, lo que escribo no es como si fuera una canción, en cierto modo, tal vez, es algo que nace de una canción, y tal vez de una canción un día nazca otra, y tal vez -demasiados tal vez- tal vez sea buena.

Abril no es primavera

Es un día de mierda en esta calle oscura
el gato sucio de pelo gris tupido
cruzando entre encogido y asustado
y los desaguaderos vomitando escoria
en la calle Oliver.

Es otra vez uno de esos días de mierda,
tu puño cerrado en mi pecho,
el velo de llovizna confundido
con mi propia miseria

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Es un llanto infantil,
mientras la lluvia barre las aceras
recorrer de nuevo en la derrota los mismos callejones
dónde los surcos grises son fuga y son condena.

Debería haber parado
cuando aún sabía a dónde íbamos
pero cómo parar cuando no hay nada más

Mírame,
esto ha quedado,
debí parar pero el camino no se bifurcaba

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera

Mírame,
no sabes dónde estoy
ya no hay caminos.

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Injusticia Fantasma

25 Jun

Mi quinto curso de EGB fue un curso extraño. Después de cinco o seis años con profesoras ese curso nos tocó Don Andrés, un profesor que además era secretario del colegio, lo que le daba un aura extra de seriedad.
Yo era lo que se viene llamando un empollón con todas las letras. A los nueve años a mí lo que más me gustaba era leer, y me resultaba fácil destacar en los estudios, así que disfrutaba estudiando. El deporte nunca me interesó lo más mínimo, el espejo me lo recuerda con más frecuencia de lo que yo quisiera.
Se ve que Don Andrés se dio cuenta rápidamente de que yo no tenía problemas para seguir la clase así que me mandaba bastante a menudo a llevar un sobre a algún profesor durante las clases y esa clase de recados. Sólo me mandaba a mí, así que imagino que era un auténtico empollón enchufado, el empollón favorito del profe, un empollón de tomo y lomo.
Recuerdo que Don Andrés hacía esas ruedas de preguntas que nuestros padres recordarán bien en las que el que acertaba la respuesta iba adelantando puestos. Yo nunca fallé una pregunta, tuve que enfermar para que Elena Martínez pudiera adelantarme.
Aunque visto en la distancia me parece obvio que debía ser un empollón, no tenía malas relaciones con el resto de la clase, con nadie en particular que yo recuerde. Tal vez ellos pensaran otra cosa.

Una vez salimos de excursión, no recuerdo bien donde, tal vez a La Santa de Totana o algún sitio por el estilo y nos detuvimos a comer en una explanada en el monte. Como es natural nos habían dicho que no nos alejásemos de la zona, pero un par de chicos de clase se alejaron un poco por unas rocas y allá que me fui detrás de ellos subiendo entre las piedras a ver qué hacían.
No creo que me hubiera alejado más de diez metros cuando Don Andrés me cogió del brazo y me echó una buena bronca por alejarme. Aquello me molestó muchísimo y le dije que no me estaba alejando, que solo iba a llamar a los dos compañeros y no pensaba alejarme. Protesté con toda la vehemencia del mundo por aquella injusticia, no me podía creer que me hubiera echado una bronca, a mí, que no tenía más que buenas intenciones, el primero en la rueda de preguntas, el que le hacía los recados, el que de ninguna manera se alejaría de la zona cuando le habían dicho lo contrario… Acabó pidiéndome perdón por su “error”.
Creo que incluso al llegar a casa le conté a mi madre cómo injustamente me habían echado una bronca sin ningún motivo, todavía me duraba el cabreo que me había inventado para disculparme a mí mismo.

Don Andrés siempre me llamaba Eduardo que es mi segundo nombre. Nunca me ha llamado nadie Eduardo, así que ignoro el motivo por el que lo hacía. El caso es que por algún motivo él prefirió llamarme Eduardo.
Hace ya unos 27 años de aquello, pero unas cuantas veces me he vuelto a cruzar con Don Andrés y siempre me dice.- Hola Eduardo. Yo le saludo con mi típico.- Buenas. Y sigo andando, nunca he sido demasiado cordial la verdad. El caso es que después de saludarle noto como crece dentro de mí esa sensación molesta de injusticia. Me cruzo a Don Andrés; el que me mandaba de paseo durante las clases y que me llamaba Eduardo; del que seguramente era el alumno favorito y  lo que siempre me asalta es ese gris sentimiento de injusticia, ese ridículo, absurdo e inventado sentimiento fantasma de injusticia.

Escribir

25 Jun

De vez en cuando me apetece escribir. Igual paso un par de años escribiendo algo de vez en cuando con mi habitual inconstancia y luego paro. Y quién sabe, tal vez pasen uno o dos años hasta la siguiente.

Madre

17 Feb

No imagino las cosas que se rompen
al perder una madre,
la sensación de angustia del vacío,
la carencia continua del soporte intangible.

Afrontar la angustia inabarcable del porvenir
la duda permanente,
pasar de retratarte como hijo
a verte caminando sobre un suelo invisible.

Y aún así pasa el tiempo,
y las noches en blanco,
y los paseos ausente
y el nudo en la garganta.

No imagino el perdurar del desconsuelo
en días grises y eternos desconcertado, inerte,
recorriendo sin pausa el pensamiento
tras una explicación inexistente.

Registrar los recuerdos con afán incansable
de concretarlo todo en la memoria
incapaz de quitarte de la mente
la parte de tí misma que es su ausencia

Y aún así pasa el tiempo
y las noches en blanco
y los paseos ausente
y el nudo en la garganta.

Y cuando pasa el tiempo,
y esa angustia se calma
y se torna nostalgia,
y respeta los sueños.

Y cuando pasa el tiempo
y sientes esa mano
que ha estado acompañandote en el duelo,
sonríes y la abrazas
y hayas un nuevo apoyo en los recuerdos.

 

Vistabella

1 Jul

Cuando era un crío; en esa época en la que pasear por la calle con veinte duros en el bolsillo se me hacía tan osado como conducir una diligencia por el salvaje oeste siempre le tuve respeto a Vistabella.

Recuerdo una Vistabella oscura y mustia, con las fachadas tristes, agrietadas, fachadas de barrio pobre y descuidado. Cuando era un crío, y el desconocimiento formaba una neblina tenebrosa esas calles oscuras y olvidabas le hacían parecer otro de esos barrios por los que no pasar cuando llevas veinte duros en el bolsillo.

Años después vivía en Santa Eulalia con mi mujer en un piso alquilado, era un piso bonito decorado con gracia, una pared de ladrillo visto en el salón, el baño en gresite verde, puertas correderas… pero eso sí, ni un recuerdo de la luz del sol. Era un primero sin balcón bajo un segundo que sí lo tenía en un callejón de unos 10 metros de ancho y cuando llevas tiempo viviendo en un sitio así la oscuridad parece que se siente con una cierta consistencia en el ánimo.

En esa época unas amigas alquilaron un piso en Vistabella, sobre el 5 Hermanos. Eraun piso a poniente y mediodía, la luz inundaba las habitaciones de techos altos y a mí me parecía maravilloso.

Recuerdo que en una ocasión mi amiga se despertó por la noche al oir un ruido y a los pies de su cama había un chaval con algo en la mano que no era un conejo; se había colado por su ventana en mitad de la noche… para verla. El chaval resultó ser el vecino y tenía cierta discapacidad que no recuerdo, y en realidad no me dejó huella, y si tuve un recuerdo me lo borró la luz de Vistabella.

Años después acabamos comprando un piso allí, entramos por la puerta a verlo y nos asomamos al salón con una ventana abierta a la zona de casas bajas del centro del Barrio, cientos de metros hasta el siguiente edificio, y la luz, la luz, como el Nessum Dorma inundando la casa…. No miramos ni una más y la compramos. Vistabella era luz.

Ahora llevamos unos años en el barrio, Vistabella sigue siendo luz, luz y jacarandas y tradiciones y vecinos mayores y personajes, como el que vende cactus, como los abonados del tinto y la cerveza del jumillano, como la mujer de los nietos robados… Y mirando esos tipos singulares, fenómenos extraños con casa y sin trabajo, me acordé del chaval, ese chaval que era otro personaje, personajes que entre tanta luz, también, por qué negarlo, son Vistabella.

 

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