Abril no es primavera

25 Mar

Siempre he querido escribir una buena canción. Una buena canción es algo increíble si lo piensas, una pieza capaz de llenar un montón de momentos en la mente de un montón de gente. Imagino a un adolescente subiendo el volumen y deshaciéndose a gritos de una porción de su angustia; a un padre conduciendo tamborileando en el volante; a una chica corriendo mientras el tema la empuja un poco más lejos.

El problema para empezar a escribir una canción (dejando a un lado que sea buena) es que no tengo ni idea de música, así que a veces me pongo un tema una y otra vez mientras escribo algo, lo que escribo no es como si fuera una canción, en cierto modo, tal vez, es algo que nace de una canción, y tal vez de una canción un día nazca otra, y tal vez -demasiados tal vez- tal vez sea buena.

Abril no es primavera

Es un día de mierda en esta calle oscura
el gato sucio de pelo gris tupido
cruzando entre encogido y asustado
y los desaguaderos vomitando escoria
en la calle Oliver.

Es otra vez uno de esos días de mierda,
tu puño cerrado en mi pecho,
el velo de llovizna confundido
con mi propia miseria

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Es un llanto infantil,
mientras la lluvia barre las aceras
recorrer de nuevo en la derrota los mismos callejones
dónde los surcos grises son fuga y son condena.

Debería haber parado
cuando aún sabía a dónde íbamos
pero cómo parar cuando no hay nada más

Mírame,
esto ha quedado,
debí parar pero el camino no se bifurcaba

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera

Mírame,
no sabes dónde estoy
ya no hay caminos.

Esperaste a que llegase abril
y abril no es primavera.

Injusticia Fantasma

25 Jun

Mi quinto curso de EGB fue un curso extraño. Después de cinco o seis años con profesoras ese curso nos tocó Don Andrés, un profesor que además era secretario del colegio, lo que le daba un aura extra de seriedad.
Yo era lo que se viene llamando un empollón con todas las letras. A los nueve años a mí lo que más me gustaba era leer, y me resultaba fácil destacar en los estudios, así que disfrutaba estudiando. El deporte nunca me interesó lo más mínimo, el espejo me lo recuerda con más frecuencia de lo que yo quisiera.
Se ve que Don Andrés se dio cuenta rápidamente de que yo no tenía problemas para seguir la clase así que me mandaba bastante a menudo a llevar un sobre a algún profesor durante las clases y esa clase de recados. Sólo me mandaba a mí, así que imagino que era un auténtico empollón enchufado, el empollón favorito del profe, un empollón de tomo y lomo.
Recuerdo que Don Andrés hacía esas ruedas de preguntas que nuestros padres recordarán bien en las que el que acertaba la respuesta iba adelantando puestos. Yo nunca fallé una pregunta, tuve que enfermar para que Elena Martínez pudiera adelantarme.
Aunque visto en la distancia me parece obvio que debía ser un empollón, no tenía malas relaciones con el resto de la clase, con nadie en particular que yo recuerde. Tal vez ellos pensaran otra cosa.

Una vez salimos de excursión, no recuerdo bien donde, tal vez a La Santa de Totana o algún sitio por el estilo y nos detuvimos a comer en una explanada en el monte. Como es natural nos habían dicho que no nos alejásemos de la zona, pero un par de chicos de clase se alejaron un poco por unas rocas y allá que me fui detrás de ellos subiendo entre las piedras a ver qué hacían.
No creo que me hubiera alejado más de diez metros cuando Don Andrés me cogió del brazo y me echó una buena bronca por alejarme. Aquello me molestó muchísimo y le dije que no me estaba alejando, que solo iba a llamar a los dos compañeros y no pensaba alejarme. Protesté con toda la vehemencia del mundo por aquella injusticia, no me podía creer que me hubiera echado una bronca, a mí, que no tenía más que buenas intenciones, el primero en la rueda de preguntas, el que le hacía los recados, el que de ninguna manera se alejaría de la zona cuando le habían dicho lo contrario… Acabó pidiéndome perdón por su “error”.
Creo que incluso al llegar a casa le conté a mi madre cómo injustamente me habían echado una bronca sin ningún motivo, todavía me duraba el cabreo que me había inventado para disculparme a mí mismo.

Don Andrés siempre me llamaba Eduardo que es mi segundo nombre. Nunca me ha llamado nadie Eduardo, así que ignoro el motivo por el que lo hacía. El caso es que por algún motivo él prefirió llamarme Eduardo.
Hace ya unos 27 años de aquello, pero unas cuantas veces me he vuelto a cruzar con Don Andrés y siempre me dice.- Hola Eduardo. Yo le saludo con mi típico.- Buenas. Y sigo andando, nunca he sido demasiado cordial la verdad. El caso es que después de saludarle noto como crece dentro de mí esa sensación molesta de injusticia. Me cruzo a Don Andrés; el que me mandaba de paseo durante las clases y que me llamaba Eduardo; del que seguramente era el alumno favorito y  lo que siempre me asalta es ese gris sentimiento de injusticia, ese ridículo, absurdo e inventado sentimiento fantasma de injusticia.

Escribir

25 Jun

De vez en cuando me apetece escribir. Igual paso un par de años escribiendo algo de vez en cuando con mi habitual inconstancia y luego paro. Y quién sabe, tal vez pasen uno o dos años hasta la siguiente.

Madre

17 Feb

No imagino las cosas que se rompen
al perder una madre,
la sensación de angustia del vacío,
la carencia continua del soporte intangible.

Afrontar la angustia inabarcable del porvenir
la duda permanente,
pasar de retratarte como hijo
a verte caminando sobre un suelo invisible.

Y aún así pasa el tiempo,
y las noches en blanco,
y los paseos ausente
y el nudo en la garganta.

No imagino el perdurar del desconsuelo
en días grises y eternos desconcertado, inerte,
recorriendo sin pausa el pensamiento
tras una explicación inexistente.

Registrar los recuerdos con afán incansable
de concretarlo todo en la memoria
incapaz de quitarte de la mente
la parte de tí misma que es su ausencia

Y aún así pasa el tiempo
y las noches en blanco
y los paseos ausente
y el nudo en la garganta.

Y cuando pasa el tiempo,
y esa angustia se calma
y se torna nostalgia,
y respeta los sueños.

Y cuando pasa el tiempo
y sientes esa mano
que ha estado acompañandote en el duelo,
sonríes y la abrazas
y hayas un nuevo apoyo en los recuerdos.

 

Vistabella

1 Jul

Cuando era un crío; en esa época en la que pasear por la calle con veinte duros en el bolsillo se me hacía tan osado como conducir una diligencia por el salvaje oeste siempre le tuve respeto a Vistabella.

Recuerdo una Vistabella oscura y mustia, con las fachadas tristes, agrietadas, fachadas de barrio pobre y descuidado. Cuando era un crío, y el desconocimiento formaba una neblina tenebrosa esas calles oscuras y olvidabas le hacían parecer otro de esos barrios por los que no pasar cuando llevas veinte duros en el bolsillo.

Años después vivía en Santa Eulalia con mi mujer en un piso alquilado, era un piso bonito decorado con gracia, una pared de ladrillo visto en el salón, el baño en gresite verde, puertas correderas… pero eso sí, ni un recuerdo de la luz del sol. Era un primero sin balcón bajo un segundo que sí lo tenía en un callejón de unos 10 metros de ancho y cuando llevas tiempo viviendo en un sitio así la oscuridad parece que se siente con una cierta consistencia en el ánimo.

En esa época unas amigas alquilaron un piso en Vistabella, sobre el 5 Hermanos. Eraun piso a poniente y mediodía, la luz inundaba las habitaciones de techos altos y a mí me parecía maravilloso.

Recuerdo que en una ocasión mi amiga se despertó por la noche al oir un ruido y a los pies de su cama había un chaval con algo en la mano que no era un conejo; se había colado por su ventana en mitad de la noche… para verla. El chaval resultó ser el vecino y tenía cierta discapacidad que no recuerdo, y en realidad no me dejó huella, y si tuve un recuerdo me lo borró la luz de Vistabella.

Años después acabamos comprando un piso allí, entramos por la puerta a verlo y nos asomamos al salón con una ventana abierta a la zona de casas bajas del centro del Barrio, cientos de metros hasta el siguiente edificio, y la luz, la luz, como el Nessum Dorma inundando la casa…. No miramos ni una más y la compramos. Vistabella era luz.

Ahora llevamos unos años en el barrio, Vistabella sigue siendo luz, luz y jacarandas y tradiciones y vecinos mayores y personajes, como el que vende cactus, como los abonados del tinto y la cerveza del jumillano, como la mujer de los nietos robados… Y mirando esos tipos singulares, fenómenos extraños con casa y sin trabajo, me acordé del chaval, ese chaval que era otro personaje, personajes que entre tanta luz, también, por qué negarlo, son Vistabella.

 

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No te enfades cariño

27 Jun

No te enciendas si ves que doy de nuevo
la vuelta a tu tortilla,
no me pegues si estoy siempre metiendo
los dedos en tu herida.

Aguántame otro rato prisionera
que tengo que buscarte las cosquillas
a ver si todavía me quieres o con esta
parece que se agoten ya las pilas.

No te enfades si ves que ayer tampoco
fuí a comprarte en secreto un ramillo de lilas
ni recogí el café ni te llamé al trabajo
ni preparé cruasanes con fresa y mantequilla

No te enfades si sigo siendo yo
y ya no soy yo mismo.
Y esta noche si aún quieres 
te llevaré al sofá un tercio de Granada
y cogeré tus pies cansados con mis manos
y rajaremos juntos del cretino de turno,
y lo molesta y rancia que es a veces la vida.
Y esta noche si quieres te taparé la espalda
mientras sueñas dormida. 

No te alteres si digo que estoy yendo,
que voy a ir en seguida,
que me falta un segundo
que ahora mismo te atiendo

Aguántame otro rato carcelera,
si dejo levantada
la tapa, y los calzones
tirados a los pies de nuestra cama

No te enfades si sigo discutiendo
cada palabra dada
Y esta noche si aún quieres
te llevaré al sofá una cerveza helada
y cogeré tus pies cansados con mis manos
y rajaremos juntos del cretino de turno,
y lo molesta y rancia que es a veces la vida.
Y esta noche si quieres te taparé la espalda
mientras sueñas dormida. 

 

 

Tu cometa

3 Jun

Voy a dejarme el alma entre tus brazos
en una de estas noches
de correr por las calles tras tu rastro,
lágrimas de niño asustado, trabado en la inocencia. 

De lunes a domingo machacado por el vibrar ingrato del movil al despertar,
en mitad de resacas de lágrimas y vodka caramelo
no soy tu nada sino la sombra que te sigue,
soy el vasero permanente de tu indolencia.

Voy a esperar delante de las luces,
en esta madrugada,
en la tiniebla tubular de tus ojos brillantes
quietud de temerosa marioneta es mi única estrategia

Soy tu cometa,
voy bailando tus vientos con esa sonrisa
de idiota enamorado, pagafantas
buscando entre tus sombras
detrás siempre del halo que proyectas

Hoy me he despertado entre cristales rotos,
anoche destrocé los anhelos felices,
hoy he despertado con el crujido de mi alma quebrada,
y al alcanzar la calle destrozado he vislumbrado un nuevo,
fulgor en la otra acera,
y he seguido el reflejo
soy un adolescente efervescente,
hoy soy feliz de nuevo.

 

 

A tí, desconocido

31 May

Decir que me ha robado, el tiempo, la sencilla emoción de conocerte,
a tí, desconocido.

Decir que me ha robado la vibración de aproximarme a otra mente, a otra alma;
expectante e íntimamente alegre, vestidas las preguntas de inocencia, los intereses.

Que tantos desencuentros, si no sabes
hacer de vez en cuando borrón y cuenta nueva
vierten polvo y más polvo, y te ensombrecen.

Decir que ya he extraviado la esperanza, como estación de origen del descubrimiento,
carbón con que alentar los encuentros fugaces.

Decir que soy, terriblemente hostil e inexpugnable,
impertinente, aciago, insoportable a veces.

Que tantos contratiempos personales
si no le das la vuelta a la botella
suman barro y más barro, y te envilecen.

Decir que visto yelmo, coraza y guanteletes,
si te aproximas; aún abiertos tus brazos, por natural defecto en mi mirada.

Decir que estoy caduco para la expectativa
de verte amanecer en tus palabras.

Que tantas decepciones, si no sales
a desbrozar un poco en primavera,
forman lodo y más lodo, y te envejecen.

Decirte sin embargo, que desde mi trinchera,
aunque aparente mustia la mirada;
desde esta detestable indiferencia,
aún sigo deseando conocerte,
aún sigo deseando descubrirte,
a tí, desconocido. 

Aunque los surcos de tantas cicatrices,
me impidan merecerte. 

 

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